El lunes 7 de julio no fue un día más en Argentina, en horas de la mañana la organización de derechos humanos, Abuelas de Plaza de Mayo, realizó el anunció del hallazgo del nieto número 140. Nacido el 17 de abril de 1977, en el centro clandestino “La Escuelita” de Bahía Blanca. Se trata del hijo de Graciela Romero y Raúl Metz, desaparecidos por la dictadura en diciembre de 1976.

En la conferencia de prensa en la sede de Abuelas, Estela de Carlotto, presidenta de la organización, expresó: “Hoy damos la bienvenida al hijo de Graciela Romero y Raúl Metz. Hoy podemos confirmar a partir de su restitución. Todavía falta encontrar a 300 nietos y nietas apropiadas durante el terrorismo de Estado”.

El secuestro de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz

Raúl y Graciela se conocieron militando en comedores barriales de Bahía Blanca.  Juntos ingresaron al PRT-ERP. Al tiempo se casaron y llegó Adriana, su primera hija. Vivieron en Bahía Blanca, hasta que la persecución los acorraló y decidieron mudarse a Cutral-Có, provincia de Neuquén.

El 16 de diciembre de 1976, un grupo de tareas integrado por el Ejército y la policía de Neuquén irrumpió en la casa en la que vivía la pareja con su hijita de un año y unos pocos días. Se llevaron a Rául y a Graciela, que cursaba un embarazo de cinco meses.

Los represores dejaron a Adriana, hija del matrimonio, con un vecino. “Tomá, criala como si fuera tuya”, le aconsejaron. Pero el vecino decidió contactar a la familia de la niña y días después los abuelos paternos Oscar y Elsa la fueron a buscarla a Neuquén y la llevaron a Bahía Blanca para que creciera con ellos.

Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que Raúl y Alicia permanecieron detenidos en el centro clandestino «La Escuelita» de Neuquén, donde fueron torturados física y psicológicamente. Luego fueron llevados al centro clandestino “La Escuelita” de Bahía Blanca, donde también sufrieron brutales tormentos.

Graciela, con 24 años, durante su cautiverio dio a luz un varón en abril de 1977. Ese bebé, hoy adulto, hasta el viernes último desconocía su verdadera identidad y que una familia entera lo estaba buscando. Graciela, como Raúl continúan desaparecidos.

La pista para el encuentro

En una oportunidad, Graciela se cruzó con otra secuestrada, Alicia Partnoy, en un baño y pudo decirle que había tenido un varón. Alicia también escuchó que uno de los interrogadores se habría llevado al niño.

El 4 de diciembre de 1981, Alicia envió una carta manuscrita a la casa de los abuelos Metz para contarles que su nieto había nacido el 17 de abril de 1977.

Investigación y resultados

La hermana del niño, Adriana Metz Romero, se incorporó a la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y encabezó la búsqueda luego del fallecimiento de sus abuelos Oscar Metz y Elisa Kaiser, quienes la habían precedido en la tarea realizando numerosas gestiones para dar con el paradero de su nieto.

En abril de este año, la CONADI obtendría resultados contundentes recabados de las causas judiciales que se llevaron a cabo en los juzgados federales de Neuquén y Bahía Blanca.

El paso siguiente de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad sería ponerse en contacto con la persona, que se presumía podía ser el niño apropiado, para brindarle la información recabada durante la investigación que no permitía descartar la posibilidad de que fuese hijo de personas detenidas desaparecidas durante la última dictadura militar. En esa instancia, accedió a concurrir al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) y dejar su muestra de ADN para su cotejo con los grupos familiares que buscan a sus parientes apropiados.

El pasado viernes, el BNDG comunicó el resultado de ADN y la CONADI le informó al hombre que su perfil genético coincidía con el de la familia Romero- Metz. También fueron informados los familiares de sus progenitores desaparecidos.

La restitución del nieto 140 refuerza y ratifica el rol del Estado, las políticas públicas, la solidaridad, el acompañamiento, el amor y la perseverancia. Solo con el trabajo sostenido y colectivo se logra seguir encontrándolos y decir NUNCA MÁS.