A 21 días de la celebración de las elecciones legislativas, el calendario nacional nos dice mucho más que la obligación cívica del sufragio. Bajo un contexto social, económico y político convulsionado, la sociedad argentina deberá decidir la continuidad o renovación de sus representantes en el Congreso de la Nación: 127 bancas de diputados nacionales (la mitad de la Cámara de Diputados) y 24 de senadores (un tercio del Senado).

En estas elecciones tendremos la novedad, de la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) para cargos legislativos nacionales, una modalidad que apuesta a mayor transparencia y practicidad para los votantes.

Pero en la antesala del domingo 26 de octubre, Argentina transita tiempos de múltiples sucesos que día a día sorprenden o cambian la trama de la historia de nuestro país: desde hechos de corrupción, homicidios, cambios abruptos en la economía; entre otros.

Algunos dicen “acá nunca te vas a aburrir” o que “si nuestra nación fuese una serie cinematográfica, tendría varias temporadas”, con diversas ediciones cuyos hilos narrativos no dejarían de sorprendernos y atraparnos. Pero detengamos en ese “atraparnos”, esa forma verbal reflexiva del verbo «atrapar»; pero que junto con esa terminación en»-nos», indica que la acción recae sobre el sujeto. En esta oportunidad, nosotros como sujetos políticos.

Entonces acción, oportunidad, sujetos, escenario y realidad son palabras que hoy confluyen como una invitación, un llamado al que la sociedad argentina decidirá responder o no hacer “acuse de recibo”. La convocatoria de ser algo más que un “deber cívico”; la oportunidad de la reflexión, de la introspección, del análisis, del saber lo que se quiere y lo que no. Del compromiso con la democracia y los derechos adquiridos, de la crítica con el hacer como ciudadanos. No solo señalando, acusando y exigiendo al otro. Sino también mirándonos a nosotros mismos como sujetos capaces de cambiar una realidad, capaces de construir, de erigir.

Somos sujetos políticos no solo en una elección legislativa, presidencial o del ámbito que fuese. Somos una sociedad consciente que se movilizó para defender los derechos de jubilados, a las personas con discapacidad, a la salud y a la universidad pública.

Entonces, si hay una participación ciudadana, una acción para defender la calidad de vida y los derechos adquiridos, debemos continuar con ese compromiso. Debemos combatir el desencanto con la política a través del sufragio. La abstracción de un voto en blanco o no presentarse en los comicios serán formas que no ayudarán a esta acción del cambio y a la realización de una sociedad más justa.

Este llamado a la participación no es solo para el próximo 26 de octubre. Es un llamado para observar lo que nos sucede en la realidad diaria, para mirarnos a nosotros mismos, para ser parte en esos lugares en los que podemos construir y hacer. Analizar, organizar y encontrar la forma de una salida colectiva. Ya sea en una escuela, en un centro vecinal, un gremio, una comisión o cualquier asociación o lugar de encuentro.

Siempre manteniendo el foco en esto que hoy nos moviliza para mejorar nuestra calidad de vida y la defensa de los derechos esenciales: salud, educación, alimento, techo y trabajo.

Un llamado casi de emergencia, que deberemos responder por nuestra condición propia de seres humanos, en la que -a lo largo de la historia- hemos demostrado que pese a la adversidad y a las diferencias, hemos logrado en comunidad el subsistir y desarrollarnos.