-EN EL MARCO DEL 8M 2026-
Simone De Beauvior, quien fue una figura muy influyente e importante en el siglo XX, sostuvo y promovió la solidaridad y apoyo entre mujeres para poder combatir las opresiones, defendiendo la unidad femenina como herramienta esencial de lucha política y social pero también de conocimiento individual. “No se nace mujer, se llega a serlo”, marco la idea de construcción cultural del género y también el deber de organizarse para poder revertir un destino común.
En esa lucha histórica por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y en particular, lo que ha implicado la falta de igualdad real dentro de la carrera judicial, se han analizado y se han dado nombres a fenómenos que atraviesan diversas situaciones.
Como en todas las instituciones, siguen en este siglo, y en estos tiempos, atravesando los fenómenos invisibles que nos afectan a las mujeres y a los que conocemos como “Techos de Cristal”, “Escaleras rotas”, “Pisos Pegajosos” y otros figurativos utilizados para describir la desigualdad y afectación de la carrera laboral, administrativa y judicial que atraviesan las mujeres en el paso por la función, trabajo o servicio en el poder judicial en relación con los varones.
Pero existe también un sinnúmero de interrelaciones muy valiosas entre las mujeres de la justicia –y en instituciones con estructura de cargos verticalistas-, que considero invitan a la reflexión en pos de un crecimiento y fortalecimiento del propio servicio de justicia y lucha por la igualdad.
Es una premisa, que todas las mujeres que trabajamos en la justicia somos “iguales” en derechos, aunque somos muy “desiguales” en cargas y responsabilidades. Esta desigualdad, marcada por las roles, labores y funciones que asumimos, la trayectoria, antigüedad, profesiones, capacitaciones y áreas de trabajos asignadas, hacen que nos desempeñemos de manera muy diferente.
En base a estas diferencias, considero que “NO todas somos iguales” debido a las funciones que cumplimos. Por eso, en el presente análisis, si bien las tareas de las mujeres no está escindidas de la realizada por los varones, y en esa interrelación muchas veces no existen diferencias perceptibles, lo que interesa aquí analizar en realidad no es la relación entre géneros sino de manera particular, los comportamientos dentro de los roles y funciones entre las mismas mujeres. Ello desde una reflexión que aporte a la revinculación y avance en las relaciones sociales tan necesaria en estos tiempos.
Por eso, considero que hay en la justicia mujeres con distintas características que marcas diferencias principalmente por sus funciones, a lo que llamé “Mujeres Poder”, “Mujeres Fuerzas” y “Mujeres sostén”.
Son “MUJERES PODER” dentro de la justicia, aquellas que con valentía, esfuerzos, estudio y concurso mediante, han podido romper esos techos de cristal –invisibles- logrando acceder a puestos de decisión. Mujeres que tienen el poder de tomar decisiones en la vida de las personas frente a cada conflicto que se suscita. Mujeres juezas, defensoras oficiales y fiscales que a diario tienen grandes responsabilidades no solo de cara a la comunidad y administración de justicia, de resolución de conflictos, defensa de derechos particulares y generales de la sociedad, sino también de quienes incluso dependen muchos trabajadores/trabajadoras dentro de sus áreas.
Estas mujeres PODER sostienen su mando y responsabilidad incluso bajo presiones externas, sociales, mediáticas y de diferentes factores a los cuales reitero “con valentía” atraviesan incluso con mayores prejuicios que sus pares varones en iguales puestos.
Una muy querida magistrada de la justicia federal de Córdoba, en el marco de un encuentro de mujeres hizo un comentario que me resonó mucho, y fue explicar que dichos lugares y funciones –los de mujeres poder- se transitan y viven con mucha soledad. Esto lleva sin dudas a entender que las decisiones que deben tomar a conciencia, o sin dudas también bajo presiones, es una “sombra” que también acompaña a los/las personas con puestos de poder, y que se caracteriza no por la ausencia física de personas que las rodean sino por la falta de compañía al momento de tomar una decisión por su responsabilidad funcional. Son generalmente decisiones que no se pueden delegar, debiendo hasta incluso ocultar sus debilidades, dudas o situaciones de vulnerabilidad que como persona atraviesan.

Por otra parte, considero que hay un gran número de mujeres a las que considero “MUJERES FUERZAS”, son aquellas funcionarias, secretarias y con cargos de responsabilidad en sus áreas. Mujeres que se encuentran haciendo el trabajo minucioso de control de despacho, de fortaleza jurídica en las decisiones, de organización de dependencias y áreas de trabajo, muchas veces liderando de una manera natural los espacios. Estas mujeres que le dedican muchas energías a lo que hacen, que tiene las fuerzas para hacer que el sistema judicial marche a la perfección, evitando todos los errores posibles. Son mujeres que tienen entusiasmo, energías y hacen vital todo el sistema. Generalmente son mujeres con grandes capacidades de gestión y también que estudian y se capacitan dedicando tiempo de su vida personal para perfeccionarse y trabajar actualizadas y con mayor eficiencia. Sin dudas son mujeres que han llegado a esos lugares debido a su gran dedicación.
Por último, hay un tercer grupo de mujeres, son las “MUJERES SOSTEN”, aquellas mujeres que se encuentran atentas a que todo funcione, son mujeres con cargos menores en la carrera administrativa o con tareas como personal de maestranza. En este grupo está el grueso de la masa de mujeres trabajadores de la justicia. Pueden ser mujeres que estén en áreas de mantenimiento, soportes técnicos, archivos, bibliotecas, jurisprudencia, áreas técnicas no jurídicas –arquitectas, psicólogas, asistentes sociales, contadoras, etc.-; muchas incluso profesionales del derecho, o dedicadas a áreas administrativas no jurídicas. Todo este agrupamiento congrega a las mujeres que son esenciales para el funcionamiento físico, operativo y logístico de las dependencias judiciales, y que también centralizan funciones en el mantenimiento de las instalaciones y el apoyo operativo a la labor jurisdiccional. Están sosteniendo el sistema desde lo práctico y además son la que resultan tan necesarias para que las mujeres fuerzas y las mujeres poder puedan llevar adelante sus tareas.
Pero lejos de ser identificadas estas mujeres poder, mujeres fuerzas y mujeres sostén en categorías que se excluyan unas de otras, la identificación por los roles y lugares que ocupan en la justicia, es la INTERRELACIÓN entre todas, lo que hace que todo pueda funcionar.
Porque cuando se hace consciente que las mujeres PODER necesitan de las mujeres FUERZAS para que sus decisiones sean tomadas en circunstancias seguras y confiables. Que las mujeres FUERZAS necesitan que las mujeres PODER sean sus guías y ejemplos a seguir de honestidad y decisiones responsables. Que las mujeres FUERZAS y las mujeres PODER, requieren para poder operar y trabajar con tranquilidad, de las mujeres SOSTEN que hacen que todo funcione.
Mas allá de las interrelaciones de unas mujeres con otras en las funciones; la realidad -y aunque parezca un trabalenguas-, es que las mujeres PODER necesitan de las fuerzas y el sostén, las mujeres FUERZAS necesitan empoderarse cuando las fuerzas se debilitan, y las mujeres SOSTEN necesitan ser sostenidas por las mujeres fuerzas y las mujeres poder.
Entonces, la necesidad de valorar no solo los roles y funciones de cada una de las mujeres del sistema, evidenciando las diferencias en las que nos encontramos pero sin discriminación; y sabiendo que en dichas diferencias y desigualdades es donde debe hallarse el baluarte para evolucionar en las reales luchas por la igualdad es que considero que es muy necesario que continuemos con las reflexiones y encontrando espacios comunes, para conocer nuestras historias y luchas, y también hablas sobre la justicia que deseamos y queremos, donde la vinculación entre “Mujeres Poder, Mujeres Fuerzas y Mujeres Sostén” -en una necesaria interrelación- puede llevar a la transformación de las mejores versiones para la justicia en igualdad y de calidad, transformando así el destino común.
Ab. Esp. María Paula Montequin


